agosto 27, 2015

Epístola 1

Mi pequeño delirio

El mundo se derrumba y tu sigues sonriendo
y yo, que ya no siento, estoy muerta.
Mis manos no crean, y apenas hay fuerzas para dibujar una caricia.
El arte jode, no te salva -me repetía-
¿arte o salvación?
De prenderme a una, elegiría la primera
y que esta, -otra vez- me matase.
-¿De qué ha muerto?
-De arte.
Y así todo tendría más sentido.

Te regalo mi cuerpo. Tómalo. No sé qué hacer con él. No me sirve mucho cuando estoy muerta.
Un día tal vez renazca leve, y me cuelgue de tu sonrisa.
Y verás que soy más que un montón de huesos y sueños muertos.
Pero ahora dime, amado,
¿Los muertos también lloran?