abril 30, 2012

Hombre-mapa


Ese hombre, ante todo, era un mapa; montes, valles, desiertos, humedales. Su ser extenso, inmenso, era un paisaje andante, un paraíso-cárcel de delirios exquisitos; combinación perfecta entre vodka y agua bendita. Peligroso, apacible, era una fiesta de marea alta que con sus olas violentas tiernas me llevaba a un fandango y en el fango perdíamos la cabeza. 

¿O acaso fue la vergüenza la que perdíamos? 
No sé. Una de las dos dejamos secando en el solar aquél, tostándose con el café, cuando salimos a saltar de piedra en piedra por la quebrada, remojando los pies y los labios, dejando en libertad los pasos y los besos.

Vivía absorta en tal exuberancia; no necesitaba seguirlo, pues con movimiento ágil, me robaba entera y me llevaba en su cumbre, tambaleante, para que yo gritara y me aferrara a él, tan fuerte, hasta verme perdida, sin remedio, en sus bosques olorosos a sal de mar, a mango maduro, a pescado de río, a ron añejo. Y así me dormía y el mundo me lo guardaba en el bolsillo para que no me distraiga, y escuchaba su corazón cantar alegre:

“Sí. Sí. Sí”.

Y a continuación un sartal de besos se me derramaba y yo qué hacía si eran tantos y llevaban tanto tiempo guardados y era entonces cuando divisabas mi mapa y la fiesta se creció y se crecieron las quebradas. Y las aguas feroces, felices, se llevaron todo el fango, dejando las almas limpias y livianas y así se fueron a volar con las guacamayas y se perdieron por allá; en un parque de Envigado andan colgadas de una ceiba y de tanto en tanto vuelven a la frondosidad de los cuerpos para que la fiesta continúe.

marzo 26, 2012

Juro hacer algo grande en la vida.
O morir en el intento.

No viviré en paz si mi pecho arde en furia.
No moriré en paz si dejo que la furia se apague.

No seré alguien en mi vida, pero tal vez lo sea en la vida de otro.

febrero 29, 2012

Busca nuevos aires

Pintura de Ethel Gilmour
Fotografía: Claratinta

Enreda flores amarillas en mi pelo, báñame de lluvia, sécame de sol. Vamos a caminar sobre los tejados ardientes, regalémosle a nuestros ojos un sinfín de rostros, calles, aguas, tierras, colores.

Respira profundo, busca nuevos aires, huele lo que te gusta; el pan recién hecho, los libros viejos, la torta robada, el cuello de tu amante. No te apenes de hacerlo, oler lo deseado es un acto de anhelo.

Si vienes conmigo es porque sabrás besarme cada día como si fuera el primero, como si fuera el último.

Que lo primero que te pongas al levantarte, sea una sonrisa.

Canta. Canta duro. Baila. Si no hay pareja, baila con la canción, si no hay canción, canta.

Y grita. Grita si hay injusticias, grita si pierdes la cabeza cuando amas.

Busca algo o alguien para amar. Si es alguien, bésale el rostro, báñate con él, corre como loco, hazle el amor y déjalo ir.

Camina descalzo, ensúciate, viaja. Viaja con poco equipaje. Acumula experiencias, no cosas. Tira por la ventana lo que no necesites, y tírate por la ventana.

Planta un árbol, deja a alguien plantado. Tira el teléfono cuando alguien te aburra, y tírame un beso cuando yo pase.

enero 10, 2012

¡Ay mi Medellín!


Foto: Claratinta

Hoy me retiro a la montaña. Belleza, abre tus entrañas de tierra y musgo fresco y espérame, que mi Medellín está herida y cansada de tantos excesos, de tantos abusos a su alma juvenil. 

Manoseada, por las calles llora mi pequeña lolita, tan desubicada, tan frágil, pero con tanto amor en tu pecho. Ese es tu problema; a todos amas, a nadie niegas tu amor, y te entregas, mi putita, ofreciendo tu dulzura.

A veces te odio porque te haces guarra, y repugnas a sexo y licor barato, porque todos fornican en ti, y ni tienen el valor de mirarte a los ojos. Y sé que eso te deja tan vacía, que ni los guayacanes que tienes como lunares te alegran en esos días amarillos. 

Esos días me conmueven pues estás tan ausente que te busco, y te busco y pregunto, y nadie sabe de ti, y me da por correr porque dicen que así el alma olvida, pero ya te metiste dentro; te siento cortando hondo, sin piedad, como sos cuando te pintás de rojo.

Recuerda que cada paloma que vuela sobre ti, es un cristiano que mataste y que condenaste a vivir cagando, por eso están siempre cerca a las iglesias, porque rezan, rezan por tu alma para que se eleve como en otros tiempos, pero no comprenden que no tienes remedio y nunca lo tuviste, que naciste pulcra, sí, pero esa curiosidad por probarlo todo te llevó a la subversión y los excesos, y ahora te avergüenzas de ti, y te escondes a llorar bajo los puentes, sobre los tejados, pero así no es, Medellín. No naciste cobarde, ya sabes que hay que hundir el puñal y darle vuelta, y déjale la sangre a los perros o a los poetas.

Saca la libertad que guardaste bajo tu falda y escote, quítate los zapatos, despréndete de lo palpable, déjate besar por el viento, por los borrachos, los locos y los niños, no importa que ninguno sepa hacerlo; su saliva nutre tus calles y tus parques. 

Abre tus ventanas y trae tus olores a jazmín, a plátano, a bus de las seis, a sudor, a sexo, a tierra, a hierbas, a gasolina, a mierda, a café, a sol, a boñiga, a boutique, a grama, a guarapo, a cemento, a flores de mango. Deja que te respire toda, para sentirte mía en un suspiro. ¿Así olerá el inferno o el paraíso? Porque eres lo uno o lo otro.

No eres la víctima, eres la pistola. Que a veces dispara a matar, y a veces mata. Y lloras un poquito, para sentir remordimiento; ese sentimiento tan bonito que te hace sentir mortal. Pero sabes que no lo eres, por eso sufres.

Sufres, sufres mucho, y eso me llena de gotitas frías, de lengua pesada, de angustias morales, y me da por hablar de los años idos, y esos guayacanes que se desfloran como todos lo hicieron contigo. Por eso huyo, corro rápido porque las memorias me persiguen por tus calles; quiero ir allí, donde nada me recuerde tus domingos. 

Me tienta la idea de perderme en ti, como muchas veces lo hice, con toda la inocencia del caso. Pero no, ya no eres para mí, soy cobarde y huyo, y me da miedo regresar y no encontrarte, o encontrarme con que te dejaste morir, por eso prefiero no regresar, así mi felicidad se haya quedado mirando por un balcón, buscando el sol que secó tus lágrimas de plomo.

diciembre 08, 2011

Humedad


Caminar. De arriba a abajo la ciudad dormida. Amar. Tantos parques para hacerlo, pero Medellín es una ciudad celosa.  

Llegamos a un cerrito. Miramos las lucecitas que nos hacen guiños a lo lejos. Mi ciudad se refleja en esos ojos. Me abalanzo sobre él para sentir esas luces dentro, como cocuyos.

Humedad. Riítos de agua recorren nuestros cuerpos.

Piel a piel con la tierra, miramos cómo la ciudad despierta. Y entrelazados esperamos para admirar el hermoso caos que es la creación.

noviembre 26, 2011

La calle como pista de baile


Aquí no hay telón. 

Los espectadores son transeúntes distraídos y conductores impacientes porque el semáforo les haga guiño de luz verde. 

La calle es la pista de baile.

Un poco más de un minuto dura su función, que se repite una y otra vez a lo largo de la mañana. 

Son cuatro. Se hacen llamar Ballers Crew y bailan breakdance en un semáforo de la Avenida Bolivariana en Medellín.


noviembre 16, 2011

Ven

Ven. Antes de que caiga la última hoja. Antes de que el frío se asome por esta ventana abierta. Antes de que la sal me queme los ojos y solo vea la luz eterna.




* Foto: Claratinta

noviembre 12, 2011

La mujer ventana



Una ventana no es nada sin quién mire a través de ella, sin quién la abra o sin quién la haga pedazos. Así sos vos, y te lo hicieron tantas veces que quedaste vacía, un espacio que flota y no sabe a quién pertenece.

Uno puede pasar una vida mirando a través de una ventana. Pero no de cualquier ventana. La otra vez vi una señora vasta en carnes, generosa en pechos y precaria en vergüenza. Su generosidad subía y bajaba sin ritmo a cada paso que daba, amenazando a los transeúntes con desbordarse frente a sus ojos. Ella se sentía ventana sin saberlo. Todos la miraban tan duro que parecía que la atravesaban.

La mujer conoció a un hombrecito escuálido, con ojos de te amaré toda la vida. Al verse, abrieron de golpe sus ventanas. Ella quiso amarlo, y lo invitó a entrar, y él vio tanto amor y felicidad allí que se asustó y huyó. Ese día había pintado colorada su ventana y su boca y un arcoíris aterrizó en ella después de las gotas saladas que se deslizaban por su fachada.

Así fue; la vida se le fue en un instante, el amor la golpeó en el pecho, y luego se burló y huyó, porque así es el bribón, no puede ver una ventana abierta.

Eso fue el otro día, pero como ésta, hay muchas historias repetidas. Yo sólo digo lo que veo, y se me pasa la vida atisbando cuando abro el cuadrito de luz.


*Foto: Claratinta

agosto 15, 2011

Cine: ¿Distopía o utopía?


“Exagerar es un principio de invención. Seamos realistas, exijamos siempre lo imposible”. 1.

En la “vida real” la gente sueña con prosperidad, encontrar el verdadero amor, con una familia, una bonita casa, un buen carro, viajes al exterior y toda una serie de cosas que, se supone, los hará tener una vida mejor. Se sumergen en un mundo utópico, lleno de fantasía, donde todo es perfecto y nada les falta. Pero si miramos esto desde otro punto, podemos notar lo contrario. 

Tomando el ejemplo del cine, que tanto ha influido en la vida de las personas durante todos los tiempos desde su nacimiento, veremos que las historias preferidas por el espectador son las que más se alejan de una realidad utópica. Buscamos en éste las reacciones fuertes, lo sensacional, impactante, tal vez en el afán de ver y experimentar lo que no conocemos, trayéndolo muy cerca a nosotros, sumergiéndonos en ello por unos minutos, haciéndonos sentir diferentes emociones. Así que a pesar de desear una vida “perfecta”, tranquila, bella, donde nada nos falte, siempre sentiremos curiosidad por la adrenalina, por lo desconocido, por lo macabro, por lo distópico, y nada mejor que el cine para saborearlo sin tener que verse involucrados por completo.

Esta “sed de distopía”, acompañada siempre de lo impactante, ha llevado a que en el cine se busquen alternativas, desarrollándose así nuevas tecnologías, cada vez de mejor calidad. Este avance tecnológico, en mi parecer, tiene su lado malo y su lado bueno, ya que la tecnología es una útil herramienta que puede usarse para bien o para mal. En el cine actual se puede ver que prima la imagen, dejando muchas veces en un segundo plano la historia, el contenido, el argumento y hasta los actores. 

Vemos que hoy en día salen películas que cuentan historias corrientes en ambientes poco comunes, incluso el mismo James Cameron lo manifestó cuando se inauguró su película Ávatar; esperó 10 años para hacerla, porque, según él, “Antes no había la tecnología suficiente para realizarla”. Si esta película se hubiera estrenado hace diez años, sin la tecnología de hoy, ¿Habría sido tan taquillera como lo fue? La respuesta es obvia, y es donde se puede afirmar que es una historia vulgar y corriente, y que fue exitosa únicamente por sus efectos tecnológicos que fascinaron al público común, que no va a ver cine si no que va a entretenerse o distraerse. Este tipo de público, perezoso para pensar, difícil para captar su atención, que por cierto es mucho por no decir la mayoría, es el que ha dado pie para que cada vez se realicen más películas para cine de entretenimiento, con ayuda, claro está, de la tecnología. Es aquí cuando digo que la tecnología debería ser un medio, no un fin.

 
Por el lado de los actores, exagerando un poco, digo que están en vía de extinción gracias a la tecnología en el cine, o por lo menos en el cine de entretenimiento; cada vez vemos más películas animadas en las que se contratan actores reales y después los digitalizan, como lo hicieron por ejemplo en Los fantasmas de Scrooge, donde actores reales utilizaron en escena trajes con sensores de movimiento, para ser luego digitalizados. La fotografía “real” es otra que se vería afectada, junto a los directores de arte, que ya jugarían un papel muy distinto.

Los fantasmas de Srcooge. Jim Carrey y su personaje digital.

Nosotros, los espectadores, somos insaciables y siempre queremos más (así sea más de lo mismo); el cine es el arte más completo, pues reúne a todas las artes, tal vez por eso los espectadores esperan tanto de él (sea en cuanto a calidad, cantidad, diversión o entretención). Con la tecnología se hace todo lo posible por satisfacer estas necesidades, y es mucho lo que se gasta o se invierte para dicho fin. Vemos películas extremadamente costosas en su realización que se centran especialmente en la imagen, que así sean más de lo mismo, son taquilleras por tener un truco diferente, como Alicia en el país de las maravillas o la ya citada Ávatar

Al otro extremo están directores como Glauber Rocha, que decía que “Lo único que necesito para hacer cine es una idea en la cabeza y una cámara en la mano”, y películas como Dogville, de Lars Von Trier, que se asemeja al teatro, donde lo que importa es la historia, lo demás pasa a un segundo plano.


Esenario de la película Dogville

Cabe anotar la relación con el tiempo; en los comienzos del cine, una cinta duraba un minuto, y los teatros se atiborraban de gente que iba a contemplar asombrada ese glorioso instante. Así las películas se fueron haciendo cada vez más largas. Hasta más o menos finales de los noventa, las proyecciones tenían un intermedio para que la gente descansara unos minutos antes de seguir con la segunda parte de la película. Después esto desapareció y podemos ahora estar hasta tres horas sentados al frente de la gran pantalla, donde a veces el tiempo se nos hace corto.


1. Grafiti en una calle de París, en la revolución de mayo del 68.

mayo 05, 2011

Un paraíso errante


Donde haya movimiento de agua y exuberante vegetación, 
ése es el paraíso.


¿Podría ser un hombre, un paraíso errante?


Amazonas. Guía indígena. 
Foto: Claratinta

marzo 21, 2011

Testimonio de una colombo-sueca en la tragedia de Japón

Margarita Palmqvist Jaramillo es una joven de 29 años de padre sueco y mamá colombiana. Vive en Japón hace un par de años y me contó su vivencia en la actual tragedia que se vive en éste país.



El martes 8 de marzo me subí en un bus en Tokio. Después de 2 horas y media de camino, llego a Iwaki, donde me recogen y manejamos una hora hasta Samegawamura, Fukushima,  para pasar unos días de vacaciones pues mi trabajo como profe de inglés todavía no comienza. Mi destino es la granja de unos amigos a la que van niños que tienen problemas en sus casas y no pueden o quieren ir a la escuela.

Ese día y el siguiente, todo es normal. El jueves llegó un temblor, y eso que en esa finquita es muy extraño que tiemble, pues queda en una montaña como a 700 metros de altura. Éste temblor fue un 3 en la escala Shindo japonesa. La escala Richter y la escala Shindo son un poco diferentes. Oí que un 4 aquí en Japón es como un 5.4 en la escala Richter.

¿Terremoto? ¿Aquí? Estábamos aterrados. Al darnos cuenta que era muy suave, seguimos en nuestras tareas como si nada.

El viernes teníamos una fiesta de despedida de dos de los niños que empezaban su bachillerato y se iban a vivir con sus padres. Estábamos 18 personas en la sala, eran como las 3 de la tarde y habíamos terminado de comer, cuando llegó un temblor. Todos se asustaron. ¿Terremoto de nuevo? Pero ahí mismo nos dimos cuenta que no temblaba de lado a lado, si no de arriba para abajo... ¡Y eso sí que es peligroso! Es señal de que el terremoto es grande. Las cosas comenzaron a caerse; platos, ollas, libros, la tele ¡Todo! Entonces salimos de la casa corriendo en pánico, sin zapatos, porque aquí en Japón se quitan los zapatos al entrar a la casa. Yo por suerte tenía chanclas puestas, pues fuera de la casa hacía frío y estaba mojado pues había acabado de lloviznar.

Afuera los carros y el bus en que transportan a los niños, estaban saltando por la calle, y la casa, grandísima, fabricada de pura madera bien gruesa, temblaba como que si fuera hecha de papel. ¡Estaba segura de que todo se iba a caer! El temblor fue como un 6... Todos se pararon alrededor de los carros, tratándose de agarrar, para que no nos fuéramos a caer. Era tan fuerte que era difícil estar parado. Yo de una le envié un mensaje a mi mamá a Suecia y a mi novio que estaba en Kashiwa, para decirles que hubo un temblor tenaz, pero que estaba bien.

Terminó el temblor, sólo para llegar otro, de la misma magnitud. Y luego otro, y otro, y otro... Los siguientes temblores eran más y más suaves, pero el resto del día y noche, no bajaron de un 4. Algunos de los estudiantes regresaron a sus casas apenas se apaciguaron un poco las réplicas, así que nos quedamos 12 personas. La mitad, entraron al bus para calentarse, porque comenzó a nevar e hizo muchísimo frio. Los otros cinco y yo, entramos a limpiar la casa, pero como seguía temblando horrible como cada 5 minutos, nos tocaba salir y entrar de la casa, y así ir limpiando. Esa noche tiramos colchones en el cuarto al lado de la entrada, para todos dormir juntos allí, listos a correr. Afortunadamente sólo nos tocó salir corriendo una vez, como a las cuatro y media de la mañana. De resto pasamos la noche con temblores por ahí de un 3 o 4. Claro que ahora con miedo de que fueran a aumentar, así que no pudimos dormir mucho.


Trantando de calentarse dentro de un autobús

Como la tele se dañó, no podíamos ver imágenes de la catástrofe en Sendai y las otras ciudades por la costa, pero podíamos oír, pues el sonido todavía funcionaba y escuchamos también la radio. El viernes por la noche y el sábado tuvimos Internet también, así que pude ver imágenes por mi Ipod. ¡Qué horror! ¡Nosotros sí que tuvimos mucha suerte! La casa no se cayó, teníamos donde dormir, comer y bañarnos. Los siguientes días la Internet no quiso funcionar, 

así que leí las noticias por mi celular que tiene acceso Internet. Así me pude comunicar con el mundo, y me comenzó a escribir y a llamar la prensa sueca... No sé en cuántos periódicos, canales de tele y radio salí, ¡qué locura!

Apenas oímos del accidente en las plantas nucleares, nos comenzamos a preocupar, yo más que todos. El “papá” de la casa me tranquilizaba, diciendo que estábamos a 70 km de las plantas, que no había por qué alarmarse, que todo estaba bien. Pero yo bien estresada ¡Quería salir de allá de una! Al otro día, sábado, nos manejaron a otra niña y a mí, hasta la estación de la ciudad Iwaki. Fuimos a ver si el tren andaba, pero nos miraban como si fuéramos idiotas ¡Obvio que el tren no andaba! Fuimos a la entrada de la autopista, a ver si el bus pasaba, pero resultó que estaba cerrada para que los transportes de emergencia que iban a las plantas nucleares y a rescatar a la gente al norte, no fueran parados por todos los carros tratando de escapar. Así que tuvimos que volver a la granja y me quedé muy triste.


Reparando el techo después del temblor

Nos quedamos en la finca, como atrapados, sin poder salir. No había buses ni trenes, y la gasolina se acabó. No iba a llegar gasolina de nuevo al pueblito hasta en otras dos semanas. ¿Dos semanas? Yo casi entro en pánico, ¡Me quería ir ya! Los celulares casi que no funcionaban, no teníamos red, o si teníamos igual era complicada la comunicación, pues todos llamaban al mismo tiempo. ¡Era horrible! Lo único que quería era ver a Masaki, mi novio. Quería volver a nuestro apartamento, donde nos habíamos mudado hace ni siquiera un mes... Y él allá en Kashiwa, sin poder ayudarme, sin poder salir del trabajo. Afortunadamente como él trabaja en la fuerza marina, en un aeropuerto de la defensa aquí en la ciudad, no lo mandaron al norte para rescatar la gente. Claro que él quería (y todavía quiere) ir a ayudar, pero como necesitan tenerlos en ese departamento por si algo pasa, le toca quedarse.

Masaki y yo nos mandábamos mensajes por el celular varias veces todos los días, y cuando podía lo llamaba. Y él en la casa, bregando a encontrar maneras de sacarme de allí, pero era imposible. Nuestro apartamento estaba bien, me dijo; únicamente fue la tele y el hervidor de agua que se habían caído. Gracias a Dios sólo pasó eso, y no le sucedió nada a Masaki, que había estado en el trabajo cuando ocurrió el terremoto. En nuestra ciudad fue un 5 escala Shindo.

El lunes 14 de marzo, el papá de la granja nos dijo que la comida y el agua del pueblo se iban a acabar en unos días. Nos tocó llenar un tanque con agua para los animales, más todos los baldes que podíamos encontrar y botellas para nosotros, que por alguna razón no habíamos botado. Como tienen una vaquita y 400 gallinas, por lo menos teníamos leche y huevos. Pero luego ¿qué más? Esa noche llegó una amiga con sus dos bebés a quedarse con nosotros pues el agua de su casa ya no funcionaba. 

Por fin, el martes 15 de marzo, pude salir. Esa mañana, anunciaron en el pueblo que las cosas en Fukushima estaban aún peores. A la gente ubicada a 30 km a la redonda de la planta nuclear, les advirtieron no salir, y si tenían que hacerlo, ponerse una máscara para taparse nariz y boca. También cerrar ventanas y puertas, no colgar ropa afuera y tener cuidado con la lluvia. Nosotros estábamos a 70 km de las plantas, pero para estar más seguros, nosotros también seguimos los consejos.

El “papá” salió a buscar gasolina. Éramos 6 personas que necesitábamos salir. Regresó por ahí una hora después con ésta, y contactó al esposo de la señora que llegó el día anterior para llevarnos a la estación del Shinkansen, el tren súper rápido de Japón. Como a las 4 de la tarde llegó. Nos sentamos nosotros 6, más los papás de nuestro chofer. Nueve personas en un minibus hecho para 6... ¡Y por fin nos fuimos! Este viaje, que normalmente se demora 2 horas, duró más o menos 3, por lo que las autopistas estaban cerradas y toda la gente quería salir. Se oscureció, comenzó a llover y teníamos que andar bien despacio. Perdimos el tren que iba a las 6 y 30, luego el de las 7, el de las 7 y 30 p.m., pero por fin llegamos. No hubo problema para conseguir billetes, y salimos corriendo para poder sentarnos y no estar parados la hora que nos demorábamos en regresar a Tokio.

Montamos en 2 trenes. Estaba preocupada porque la ultima línea que tenía que coger no fuera a estar abierta como me lo había dicho Masaki (él tiene que cogerla para ir al trabajo, pero ahora le toca es ir en bicicleta 30 minutos). Tuve suerte, ¡estaba abierta! Por fin llegué a mi casa. Masaki estaba en el trabajo. Mi celular empezó a sonar sin parar. La prensa sueca me estaba persiguiendo. Por fin, a la una de la mañana, después de lograr bañarme y hablar con mi papá, apagué el celular para poder dormir.

Al otro día mi celular no dejaba de timbar. La prensa de Suecia, las embajadas colombiana y sueca, mis papás. Pero más que todo la prensa. Toda Suecia preocupada por mí; que si había logrado escapar de Fukushima, que cómo estaba, que qué dicen los noticieros japoneses, qué dice la gente, que si tienes miedo, vas a volver a Suecia, qué opinas de las noticias, de la radioactividad y un millón de preguntas más que no sabía contestar.

Antes de llegar a casa, escuché que la gente estaba comprando comida y gasolina como locos, por eso no había gasolina en el pueblo donde estaba. Me preocupé por cómo iban a ser las cosas aquí, pues Kashiwa sólo queda a 25 km de Tokio, y en Tokio los almacenes estaban vacíos.

Salí de la casa y vi que todavía andaban carros, aunque no tantos como antes. Mucha gente afuera, como siempre, pero nadie con máscaras; al parecer no están muy preocupados por la radioactividad. Llegué al almacén y lo primero que vi, fue la sección de frutas y vegetales. Todo normal, como siempre. “Bueno, de pronto aquí la cosa no está tan mal”, pensé, y seguí para buscar lo que necesitaba, sólo para ver que todas las conservas, pan, agua, arroz, harina de trigo, etcétera, lo que dura mucho tiempo, se había acabado. Afortunadamente en la casa todavía había demasiado, y no necesitaba tantas cosas. Pero gracias a Dios que compré dos paquetes de leche en vez de uno, porque al otro día ya no quedaba nada. Papel higiénico tampoco hay todavía. Si se acaban más cosas y no llegan nuevas, mis amigos en Osaka y los papás de Masaki que viven en el sur en la isla Kyushu, departamento de Fukuoka, nos mandarán lo que necesitemos. Cuando volvimos del almacén, vimos una línea de carros de más de un kilómetro, todos esperando comprar gasolina.

Según las noticias y las embajadas colombiana y sueca, no tenemos que preocuparnos, que sólo es en unos 20 - 30 kilómetros de las plantas que debe alejarse. Pero es difícil saber qué creer. El gobierno japonés no dice toda la verdad, así que únicamente creemos en una parte de lo que dicen. Pero parece que por ahora estamos seguros aquí. Si las cosas empeoran, iremos a la casa de los papás de Masaki, y si se agravan aún más, depronto nos iremos a Suecia o a Colombia, ya que la embajada colombiana le dijo a mi tío que nos pueden evacuar a Colombia si queremos. Pero por ahora nos quedamos aquí, a ver qué pasa pues no nos queremos ir; acá tenemos casa, trabajamos y está nuestra vida. Si nos vamos, los dos estaremos sin trabajo, sin plata. Así que no tenemos otra opción más que esperar.

Refugio improvisado cerca a la puerta, listos a correr

Desorden y daños que dejó el terremoto dentro de la casa

Las calles se agrietaron

Fotografías: Margarita Palmqvist Jaramillo
  

marzo 20, 2011

El interés del falso desarrollo

¿Poder desarrollar o desarrollar poder?


Explotación indiscriminada de recursos naturales por minería afecta a comunidades indígenas.

 


En Panamá se ha desatado una disputa entre el Gobierno y los líderes indígenas, quienes se han opuesto a la nueva ley de minería que consiste en permitir el ingreso de capital extranjero de otros estados para la explotación minera. El pasado gobierno había congelado ésta legislación, pero fue Ricardo Martinelli, actual presidente de éste país, quien la activó de nuevo, minimizando así las exigencias ambientales e ignorando a las comunidades afectadas.

Martinelli, a quien curiosamente lo llaman empresario multimillonario antes que presidente, se vio obligado a derogar la ley por la gran presión realizada por los indígenas y a renunciar a los 5 mil millones de dólares que iba a recibir para explotar la mina, ubicada en el centro de la ciudad de Colón.

La lucha, que viene desde 8 meses atrás, dejó un saldo de 10 muertos y más de 800 heridos en julio de 2010, cuando la policía atacó a un grupo de 10 mil indígenas en la provincia de Bocas del Toro, hecho que extrañamente no salió de Panamá a pesar de la gravedad del caso. “El Gobierno ha mostrado su desprecio a los pueblos originarios en un contexto general de racismo hacia los indígenas, similar al de otros puntos de Latinoamérica, ya que se les 'vende' como "enemigos del desarrollo", afirma Francisco Gómez Nadal, periodista español miembro de Human Rigths Everywhere (HREV) y colaborador del diario panameño La Prensa y a quien, en ese preciso momento, el Gobierno intentó expulsar del país. La falta de argumentos válidos no generó ninguna acción, pero como Martinelli no podía quedarse sin nada, intenta un segundo golpe.

El 28 de febrero del presente año, los indígenas, apoyados de ambientalistas, entran en una manifestación por la dicha ley (8) de minería, que, según el presidente, ha creado  conflictos innecesarios. Gómez Nadal sale a documentar los hechos y es detenido junto a su esposa Pilar Chato; son juzgados por el Gobierno de instigar a los indígenas a la violencia y detenidos por 48 horas ilegalmente, pues no tenían pruebas reales y precisas por lo que los estaban culpando. Seguidamente proceden a una deportación “voluntaria” a la cual se ven obligados a acceder pues carecen de garantías jurídicas para defenderse, y es preferible a la expulsión obligatoria que consta de 5 a 10 años comparada con ésta de dos. “Yo no quiero irme de mi casa, y ésta es mi casa”, exclamó Gómez cuando fue detenido. El mensaje es claro: quien se interponga a los fines que desea este empresario multimillonario, se verá presionado hasta que se autocensure o venda sus derechos.

¿Por qué noticias como ésta de los indígenas no salen de Panamá?

El país muestra al exterior una imagen completamente diferente a lo que en realidad es, o simplemente muestra sólo una cara. Quieren atraer a inversoras extranjeras para explotar los recursos naturales pues existe una alta demanda en materias primas por parte de países industrializados como China e India.


“En los últimos años, ese país ha tenido uno de los crecimientos más altos de América Latina, según los índices macroeconómicos. Por eso es un país de "moda", no sólo para el turismo sino para los inversionistas”, comenta Juan Gonzalo Betancur, periodista colombiano colega de Gómez Nadal quien también trabajó en el diario La Patria. A lo que Francisco Gómez, más conocido como Paco, agrega:

“Es grave porque sitúa a las economías latinoamericanas otra vez en un estado primario de exportadoras de materia prima e importadoras de bienes manufacturados. Por eso es ficticio el crecimiento desorbitado de las economías en la región, que al estar basados en la explotación de recursos naturales, dejan poco beneficio a las economías locales y la mayor parte de la plusvalía es para las compañías internacionales con capacidad de inversión en explotación. En Panamá es especialmente delicado por lo frágil de su rico ecosistema y por las consecuencias para el medio ambiente y las comunidades”.

La verdad, dentro de Panamá no todas las posiciones están contra el Gobierno. Hay quienes apoyan la minería y hasta la ley 8 y que quieren que Paco no siga metiéndose en su país ni defendiendo los Derechos Humanos, pues consideran que les están haciendo más daño y porque, con este tipo de proyectos se aceleran cosas como la construcción de carreteras e infraestructura. Estas personas, aunque siendo un grupo mucho más reducido, también ha hecho marchas para exponer su empatía frente a dichos proyectos.

Pero lo cierto es que la riqueza natural y el patrimonio cultural e indígena están en juego:


En la Comarca Indígena Ngäbe-Buglé, en Cerro Colorado, se encuentra el tercer centro de cobre más grande del mundo y se está explotando otra reserva importante en pleno Corredor Biológico Mesoamericano en Donoso. 


La mayoría de gente fuera de Panamá no sabe ni siquiera que en el país hay siete etnias indígenas, que hay una lucha por los derechos territoriales. Es un tema que los medios convencionales no tratan, hay una cuestión de intereses económicos y por eso la dificultad de visibilizar esta lucha… ha habido un absoluto cierre informativo sobre lo que pasa en el país, y todo se centra en los hoteles, en las grandes inversiones, en la ampliación del canal, pero no en esas luchas sociales de fondo en un lugar donde la inequidad es brutal y sigue habiendo un 40% de pobreza y en el caso indígena llega al 98% entre los Ngäbe-Buglé, los Emberá y los Wounaan”, declaró Paco el 3 de marzo al noticiero venezolano Telesur.

Además de la minería, estas etnias están siendo amenazadas por megaproyectos como lo son la hidroeléctrica estadounidense Chan 75 de AES o Bonyik, desarrollada nada menos que por Empresas Públicas de Medellín. Así que no somos o no debemos ser tan ajenos al daño que se está realizando en el vecino país, pues de una u otra forma, más mala que buena, resultamos relacionados directamente con este suceso crítico por el que está pasando Panamá y muchos otros países de Latinoamérica, como sucede precisamente con Colombia, en el que de igual manera se discute el tema de la explotación de los recursos naturales, confundiéndose con un “falso desarrollo” del que algunos o muchos nos creímos por ignorancia o por poder. 


“La minería está siendo la punta de lanza de una nueva oleada de expansión del capital”, expresa Juan Gonzalo Betancur. Tal vez en Panamá sea un poco más complicado por el carácter de su gobernante y porque es más fuerte la posición de que los indígenas son un obstáculo para el desarrollo, pero en Colombia nos hemos visto muy cerca a un desastre natural de este tipo, como el que casi se realiza en el Páramo de Santurbán con la empresa canadiense Grey Star, quienes insistían en explotar esta zona, afectando, si hubiera sido así, a un principal abastecimiento de agua, a los bosques y por ende a toda la fauna existente allí. El trato no se cerró finalmente porque se logró demostrar que hacer esto en un páramo es ilegal. Pero al parecer, Grey Star no se rendirá tan fácilmente.

Este es un tema conflicto que se mantendrá por muchos años siguientes, cosa que podría llevar a catástrofes ambientales o enfrentamientos, violencia o muerte, como ha venido sucediendo en Panamá, y las diferentes visiones de desarrollo permanecerán en el tiempo. 

octubre 22, 2010

Flores para Ethel





En este momento debe estar en el mar. Sobre las algas, entre los caracoles, mezclada con la arena; como lo quiso hace dos años, cuando un cáncer de colon le carcomía las entrañas. Al final de su cuaderno de dibujos, donde plasmó el doloroso proceso de su enfermedad, escribió con tiza azul: “En una semana estaré en el mar”, pues ya sentía que la muerte le hacía señas desde la ventana. La Virgen de Giotto lloró más que nunca ese día, y todos los guayacanes echaron sus flores al viento para acompañarla en su viaje.

Hablo de Ethel Gilmour, artista plástica de cuna gringa, pero paisa de corazón, quien llegó a Medellín en 1971 traída por Jorge Uribe, su esposo, y nos dejó el más bonito regalo; sus obras, que reflejan en su colorido el amor y el dolor que sintió por esta tierra, que fue tan suya. Sus cuadros están inspirados en detalles simples y bellos de la vida como las flores, los animales, su niñez, y otros más fuertes como la violencia en Colombia. “Tengo la esperanza de que quien vea mis pinturas se sienta feliz y quizá reconozca la poesía que hay en las hojas verdes”, escribió una vez.

Ethel Gilmour y Jorge Uribe


“Ethel como artista nos dio, a mi generación, ejemplo de que con el arte se puede ser feliz, sin necesidad de nada más”, asegura el artista plástico Álvaro Marín Vieco.

Flores para Ethel Gilmour es la exposición que estará abierta hasta el 24 de octubre en el Museo de Arte Moderno de Medellín en su sede Ciudad del Río. En ella se pueden apreciar las diferentes etapas y percepciones de su vida; su niñez, su casa en Medellín, su crítica de la guerra en Colombia y su enfermedad. Será la primera exposición que se hará en su ausencia, que revive cada vez que contemplamos sus obras, como el mar que va y viene sobre la arena.

En ese mar que a sus anchas descansa ahora, fue donde escogió el último destino para su viaje eterno. “Venimos del cielo y vamos al mar”, dijo sonriendo una vez, y así fue.